Mujeres ¿explotadas y oprimidas?

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Por:
Gertrudis Campos
Sally García

Aún en nuestros tiempos las mujeres continuamos viviendo en graves condiciones de opresión y explotación que atentan contra nuestra naturaleza de ser humana. Según el informe del 2008 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre las “Tendencias mundiales del empleo entre las mujeres”, las mujeres son el grupo más expuesto a condiciones de desigualdad laboral, desempleo y trabajo informal:
 
 En el 2007 trabajaban 1200 millones de mujeres en todo el mundo. Esta cifra representa un     aumento de 200 millones de mujeres o de 18.4% durante una década. Sin embargo, durante este     período también aumentó el número de mujeres desempleadas de 70.2 a 81.6 millones, y en 2007     las mujeres aún tenían más posibilidades que los hombres de encontrarse sin empleo. La tasa de     desempleo femenino fue de 64%, mientras que la del desempleo masculino llegó a 5.7%. Al     mismo tiempo las mujeres que tienen empleo suelen desempeñarse en los sectores menos     productivos de la economía y como parte de grupos que están más expuestos a riesgos y tienen     menos oportunidades de cumplir con los requisitos de trabajo decente (OIT, 2008, p. 5)

Se calcula que las mujeres en el mundo reciben el 78% del salario de los hombres  y que el 70% de los pobres del mundo son mujeres. La brecha salarial y las desigualdades en las condiciones de pobreza entre mujeres no son obra de la casualidad ni tampoco del destino. Las condiciones de explotación de las mujeres a través del trabajo, tienen una función económica y social.

Tanto la desigualdad salarial, como el trabajo doméstico se convierten en los mecanismos que utiliza el sistema capitalista para garantizar la reproducción y el mantenimiento de la fuerza de trabajo, para incrementar la extracción de plusvalía y aumentar su tasa de ganancia (LITci, 2008).

Ciertamente, las mujeres del mundo comparten su posición de opresión por la política sexual bajo la que se estructura el sistema capitalista. Sin embargo, lo que es preciso tener claro es que no todas las mujeres oprimidas son explotadas.

La explotación y la opresión son dos categorías distintas, la primera tienen un sustrato económico que da lugar a la división de clases, mientras que la segunda tiene un fundamento cultural que da lugar a la discriminación (Peti y Carrasco, 1980).
Las mujeres están divididas por clase social, por lo tanto, no es posible transferir el problema de las desigualdades de las mujeres a un problema de discriminación, es necesario comprender el sistema de poder que se deriva del patriarcado capitalista y que se refuerza entre la estructura de clases capitalista y la estructuración sexual jerarquizada (Eisenstein, 1984)

El problema de la mujer no es un problema de género, es un problema de clases, en el que sistema capitalista utiliza la opresión como mecanismo para profundizar la explotación. Por lo tanto “centrar la opresión de la mujer en la desigualdad de género, restringe la lucha en los marcos del capitalismo e ignora el problema de clase, llevando una política que busca unir a todas las mujeres independientemente de la posición que ocupa en el modelo de producción” (Toledo, 2000. p. 78)

La lucha de las mujeres no puede renunciar a su carácter clasista. Sólo se concibe el apoyo y la unidad de acción en movimientos sociales de mujeres por luchas de reivindicaciones democráticas específicas; porque la unidad de las mujeres por encima de las clases sociales es imposible debido a sus contradicciones políticas, sociales y económicas.

Por lo tanto, nosotras, mujeres trotskistas, mantenemos la independencia política y organizativa y levantamos nuestra bandera bajo la consigna de que la única forma de emancipar a la mujer es emancipar al conjunto de la clase trabajadora por la revolución socialista y la construcción de nuevas bases sociales, sin explotación, sin opresión y sin desigualdades entre hombres y mujeres.

Fuentes Consultadas

Liga Internacional de Trabajadores IV (2008). “Ganar a las mujeres para el partido y la revolución”. 9º Congreso Internacional.

Organización Internacional del Trabajo (2008). Seminario “Igual pago por trabajo de igual valor”, Santiago, Chile.

Petit, M. y Carrasco, C. (1980). “Una alternativa de clases para las mujeres”.

Toledo, C. (2000). “Mujeres: el género nos une, la clase nos desune”. En: Marxismo Vivo. N°2. Revista del Koorkom. Sao Paulo.