Mujeres trabajadoras y pobres: ¡a la lucha contra los despidos y la miseria!

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Declaración de la Liga Internacional de los Trabajadores


Al llegar este nuevo 8 de marzo, el mundo vive una catástrofe,  con una ola de despidos que lleva a la desesperación a millones de trabajadores en todo el mundo. 

 La crisis económica ya no es una previsión sombría, sino una cruel realidad. Bancos e industrias quebrando, servicios públicos abandonados a su propia suerte, caída brutal de la producción agrícola....
Como un castillo de naipes, se están viniendo abajo todos los sectores de la economía mundial, originando un panorama que combina el desempleo con el encarecimiento de los alimentos, la profundización de la destrucción de la salud y educación públicas, la pérdida acelerada de los más elementales derechos.


Los números hablan por sí solos. En EE.UU., según cifras oficiales, en el 2008 se perdieron 2, 6 millones de puestos de trabajo y se prevé que en el 2009 uno de cada diez trabajadores verá en peligro su empleo. En España la cifra de desempleo pasó de 8,7% al 14%,  cifra que crece al 50% entre los trabajadores inmigrantes.   Para Latinoamérica, la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe)  prevé que se detendrá la disminución del desempleo de los últimos años y que serán especialmente  los países que tenían a la emigración como válvula de escape.
La OIT (Organización Internacional del Trabajo) estima que el número de desocupados  en el mundo, crecerá en 50 millones, pasando 190  a 230 millones y que los trabajadores que viven con menos de un dólar aumentarán en 40 millones entre el 2008 y el 2009.
El capitalismo imperialista, que provocó esta crisis, mostrando su incapacidad para responder a las necesidades de la humanidad, ahora la descarga sobre la espalda de los trabajadores.
    

Las mujeres trabajadoras y pobres no tenemos nada que celebrar este 8 de marzo.

Doblemente atacadas, por la explotación y la discriminación, las mujeres trabajadoras enfrentan esta crisis ocupando un alto porcentaje de los trabajos precarios.  En las maquilas en México, Centroamérica y el Caribe, en las zonas francas de Brasil, en los trabajos semiesclavos de la confección en Argentina, en los miserables trabajos de las inmigrantes en EE.UU y Europa.  
Movidos por la crisis, los gobiernos reducen, aún más, los presupuestos para salud, educación. Crecen los precios de las guarderías, servicios públicos, transporte. Ni que hablar de la cultura o el esparcimiento,  eternamente  relegados. Las obras públicas tan necesarias para proteger a la mujer, como la iluminación de plazas y calles, son literalmente olvidadas. Al igual que lo son las que tiene que ver con la preservación de la salud de la familia, como la construcción de nuevas viviendas, de cloacas, el tratamiento de la basura...
La posibilidad  de obtener empleos dignos que garanticen la independencia financiera, condición básica para la emancipación de la mujer, cada vez aparece más lejana y no sólo en Europa y EE.UU, donde está el centro de la crisis.   Un análisis de la CEPAL  informa que muy probablemente,  actividades con alta participación de mano de obra femenina,  como el comercio, servicios financieros, industria textil, maquilas,  serán afectadas por la crisis.  Lo mismo se  prevé para el turismo y el servicio doméstico, que concentran una gran masa de trabajo femenino, sobre todo entre las trabajadoras inmigrantes.
Pero la mujer trabajadora, no solo es golpeada como parte de la clase obrera, sino también como ama de casa y madre.  Conserven o n o sus trabajos, tendrán que sufrir con el desempleo masivo de sus compañeros. En muchos casos, se verán obligadas a incrementar la jornada laboral con todo tipo de trabajos informales para poder mantener su hogar, al tiempo que seguirán cargando con todas las tareas domesticas. También sufrirán el progresivo deterioro de la educación  y la salud y  de todos los servicios sociales y  el  aumento de  dificultades para atender a los hijos pequeños y adolescentes y  a los padres ancianos. Esta realidad, ya la están  sufriendo al rojo vivo, la mujeres inmigrantes en Europa y EE.UU, cuyos maridos se han convertido en las principales víctimas de la crisis.
Frente a esta realidad, hoy son especialmente hipócritas  las propagandas capitalistas que “felicitan” a la mujer en su día. Las mujeres trabajadoras no tienen nada que celebrar en este 8 de marzo. Tienen sí que luchar, porque están siendo despedidas de las fábricas, los bancos, las oficinas, hospitales, comercios. Tienen que luchar porque sus maridos quedan en la calle y ellas se ven obligadas a cargar con todo el peso del hogar. Tienen que luchar para defender la escuela y el hospital público, porque de eso depende la educación y la salud de sus hijos.

La crisis económica agrava todas las formas de opresión

La progresiva destrucción de los servicios públicos, sobrecarga las tareas de la mujer trabajadora y pobre, reforzando las cadenas de la esclavitud doméstica. El desempleo masivo no sólo golpea las condiciones de vida de la familia obrera, sino que trae consigo el deterioro de las relaciones humanas.   Se pierden las perspectivas de futuro y viene el escape del alcohol, de la droga. Todo eso redunda en una mayor violencia  en la sociedad y en  la familia obrera. Las mujeres y los niños son las principales. Todos los días se ven casos de mujeres golpeadas, de niños abusados, de mujeres violadas. Y esto se incrementará en la medida en que crezca el desempleo.  Aumentará también el acoso sexual en los  trabajos, por el miedo de las mujeres de denunciarlo ante el peligro del desempleo.
Por el empeoramiento de las condiciones de vida,  la falta de educación sexual y la dificultad de acceder a los métodos de contracepción,  más mujeres trabajadoras y pobres se  verán obligadas a recurrir  a los abortos clandestinos (o a los brutales métodos de los abortos caseros) ante embarazos no deseados o ante la imposibilidad de dar una vida digna a sus hijos.  Mientras tanto,  las clínicas clandestinas, siguen ganado fortunas gracias a la legislación represiva que impide que el aborto se realice en los hospitales en forma gratuita y en las mejores condiciones médicas. Esas clínicas ya son el segundo gran negocio, después del narcotráfico, en  gran parte de los países coloniales y semicoloniales. De esto es especialmente culpable la Iglesia católica que con su hipócrita política de “defender la vida” manda a millones de mujeres trabajadoras y pobres a la muerte o a la mutilación. Son igualmente responsables los gobiernos  que primero destruyen,  con sus planes,  las condiciones de vida de la mujer trabajadora y después, capitulando a las presiones de la Iglesia y a los intereses de dueños de las clínicas clandestinas, se niegan a la despenalización del aborto.
Las que más sufren esta terrible situación son  la mujeres trabajadoras más pobres y marginalizadas,  las negras, las inmigrantes,  y entre ellas las más jóvenes.  Todas ellas están totalmente relegadas y olvidadas, incluso por gobiernos que dicen “gobernar para todos”, como los de Lula y Chávez. 

La burguesía promueve  a  mujeres para aplicar sus políticas contra la clase trabajadora y los pueblos del mundo.
Sólo con un gobierno obrero y popular,  se podrá avanzar  en el camino de la emancipación femenina.
 
A las mujeres trabajadoras y pobres no les queda otro camino que luchar  para que la clase trabajadora asuma el poder.  Mientras el mundo sea dominado por el imperialismo a través de sus gobiernos burgueses, continuará la opresión de la mujer.  Es así porque el capitalismo utiliza esa opresión para aumentar la explotación sobre toda la clase trabajadora. Esto se redoblará con la crisis y con su política de que la paguen los trabajadores.
Cuando más crezca la crisis, más crecerá la tendencia de la burguesía a imponer mujeres (así como negros e indígenas),  en las principales funciones de Estado.  La participación de la mujer en los  parlamentos y gobiernos burgueses,  aún pequeña,  viene avanzando en todo el mundo. Eso es un reflejo distorsionado de la lucha de las mujeres por su emancipación.  Pero las mujeres trabajadoras y pobres no se deben dejar engañar. El papel de esas mujeres es dar una fachada “feminista”  para aplicar, con más facilidad, políticas contra las mujeres trabajadoras y pobres y contra el conjunto de la clase obrera y sectores populares. Para confirmarlo, basta con ver el papel que vienen cumpliendo Cristina Kirchner en Argentina,  Michele Bachelet en Chile, Dilma Roussef (una de las principales figuras del gobierno Lula) en Brasil.  En los EE. UU,  Hillary Clinton, reemplaza a  Condolezza Rice. Esta última fue la encargada de aplicar la política de Bush en todo el mundo. Ahora Hilary Clinton hará el mismo trabajo para Obama, empezando ya,  por concretar el envío de tropas a Afganistán.
En la Franja de Gaza, mujeres y niños, fueron las principales víctimas de los bombardeos israelíes. No se escucharon en ningún lado los gritos de reclamo de Condolezza, de Hillary, ni de ninguna otra de  las poderosas mujeres que participan o dirigen gobiernos. En Israel, el  Kadima, el partido gobernante que promovió los bombardeos, está encabezado por una mujer, Tzipi Livni, que  acaba de ganar las elecciones. ¿Qué pueden esperar las mujeres palestinas de esta mujer,  que no hizo nada para detener los bombardeos y que tiene la política de formar gobierno con el fascista Likud, de Benjamin Netanyahu?
En este 8 de marzo de 2009, cuando las mujeres palestinas aún se están intentando recuperar del baño de sangre promovido por Israel en la Franja de Gaza, hacemos un llamado a la clase obrera mundial, en especial a las mujeres trabajadoras y pobres, a apoyar la resistencia Palestina contra la criminal política de Israel y del imperialismo. ¡Abajo el bloqueo! ¡Que todos los palestinos, sobretodo las mujeres embarazadas, tengan libre acceso a los cuidados médicos! ¡Que se detenga inmediatamente la destrucción de las casas de los palestinos! ¡Castigo ejemplar a todo soldado israelí que abuse de una  mujer palestina! ¡Imposición inmediata de medidas  para proteger los derechos de las mujeres, creación de casas de refugio y otros servicios para proteger a las mujeres y los niños de la violencia!. ¡Que no quede ni un soldado israelí en la Franja de Gaza.! ¡Por el fin del estado sionista, genocida de Israel! ¡Por una Palestina única, laica, democrática y no racista!

¡Abajo el capitalismo y el imperialismo!

Este debe ser el grito de guerra de las mujeres trabajadoras y pobres en este 8 de marzo. Frente a esta inmensa crisis, que ataca brutalmente a millones y millones de mujeres y hombres en todo el mundo, debemos construir una  salida de los trabajadores. En todo el mundo millones de mujeres se están incorporando a la lucha. En el Medio Oriente, aún con sus cabezas cubiertas por los velos, las  mujeres agarran las armas para luchar, ya sea en Palestina o en Irak. En las peleas que se están armando contra los despidos, ellas participan defendiendo sus empleos o formando las comisiones de amas  de casa para defender el trabajo de sus compañeros. Las docentes, así como las estudiantes, están,  desde Grecia hasta Latinoamérica,  a la cabeza de la lucha en defensa de la educación.  Esto es fundamental, porque sin la participación de las mujeres trabajadoras, de las jóvenes estudiantes, no hay victoria posible.
Los problemas de la mujer son los problemas del conjunto de la clase trabajadora.  Para lograr que la crisis la paguen los capitalistas que la provocaron y no los trabajadores, las mujeres y los hombres de la clase obrera, deben encarar la lucha en común contra toda forma de discriminación: igual salario para igual salario, guarderías en todos los lugares de trabajo y estudio, proporcionalidad de mujeres en las direcciones sindicales; en defensa de la vida de las trabajadoras: despenalización del aborto, casas de refugio para las mujeres atacadas;  en defensa de la educación y salud públicas: aumento inmediato de los presupuestos de educación y salud; en defensa del trabajo y el salario: disminución de la jornada laboral sin disminución de salario, salario ajustable con la inflación, nacionalización bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida.
Pero la lucha sindical no es suficiente. Es necesario derribar  al capitalismo y reemplazarlo por una nueva sociedad, la sociedad socialista que no se organice en función de la obtención de la ganancia para unos pocos, sino en función de responder a las necesidades del  conjunto de la humanidad. Esa sociedad socialista, solo será posible a partir del triunfo de la revolución obrera y popular que coloque a la clase obrera en el poder. Eso no será posible sin la participación de las mujeres trabajadoras que son más del 50% de la clase obrera mundial.  Como hicieron las obreras textiles rusas, en octubre de 1917, las mujeres deben romper las amarras de la sociedad machista, para ocupar el lugar que les corresponde en la historia.
El triunfo de la revolución socialista requiere la construcción de un partido revolucionario mundial.  Para que esta construcción sea exitosa, también es imprescindible la participación, con rol dirigente, de las mejores luchadoras de la clase obrera.
Con esa convicción,  en este  8 de marzo, al saludar  las luchas de la mujer trabajadora, de la cual la resistencia palestina es un símbolo, la LIT- CI, retoma el llamado del Programa de la Cuarta Internacional: ¡Paso a la mujer trabajadora! ¡Paso a la Juventud!

¡Viva la lucha de la mujer trabajadora contra la opresión y la explotación!
¡Unidad de la clase obrera contra los despidos y la pérdida de derechos!
¡Abajo el capitalismo imperialista!
¡Viva la lucha por la revolución socialista mundial!

Liga Internacional de los Trabajadores- Cuarta Internacional
Marzo, 2009