Políticas neoliberales para la educación

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 Jhon Vega

Hacia finales de la década de los 70’s los países latinoamericanos enfrentan una fuerte crisis económica. Para salir de ella los países imperialistas y sus organismos impulsaron el Consenso de Washington, entendido como un conjunto de medidas para aplicar a la economía mundial y superar la crisis de forma favorable a sus intereses.


Dentro de las medidas impuestas a los países de la región se encuentra el pago de la deuda externa mediante la renegociación de los intereses y el acceso a más “prestamos” condicionados para una supuesta “reactivación” de la economía mundial. Frente a esta crisis se le imponen a nuestros países los Programas de Ajuste Estructural (PAES) donde se incorporaban, entre otros aspectos: una mayor apertura comercial al servicio de las empresas transnacionales y los grandes empresarios nacionales, desregulación del mercado financiero, la promoción de la actividad exportadora mediante la concesión de exenciones fiscales y financiamiento del Estado, la “reforma” del Estado por la vía de las privatizaciones y la reducción de la planilla estatal, el aumento de la explotación de los trabajadores mediante una mayor intensidad en los ritmos de producción, la precarización de las condiciones de trabajo, la desregulación de los contratos de trabajo y la represión contra las formas organizativas de los trabajadores. 


De la mano del Ajuste Estructural y de la acción compartida de los gobiernos imperialistas y sus agencias políticas, económicas y culturales se desarrolla un proceso de recolonización, entendida como la profundización de la dominación sobre nuestros países en los terrenos económico, político y militar. Se impone entonces la dictadura del libre comercio, del pensamiento único, del neoliberalismo.


El proceso de recolonización señalado incluyo, entre otros aspectos, el aumento de la  “deuda externa, políticas de ajuste, neoliberalismo con sus ejes de privatización y flexibilización laboral, geoestrategias de poder del tipo Plan Puebla-Panamá o del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), reestructuración del Estado y cambios constitucionales para garantizar la seguridad e inalterabilidad jurídicas de la propiedad trasnacional, etcétera. (Lora y Recéndes, 2009, p.27)

La educación no fue ajena a esta nueva política económica neoliberal la cual abogaba por modificar su carácter de servicio público a cargo del Estado y convertirla en un sector más a privatizar. Organismos internacionales como el Banco Mundial (BM), la UNESCO ó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) imponen orientaciones específicas a las políticas educativas tendientes a la reducción de la participación estatal en el financiamiento de la educación pública, la reorganización de los sistemas educativos mediante la aplicación de medidas privatizadoras como la municipalización y un acelerado proceso de mercantilización de la educación.


La educación como mercancía
Los neoliberales tardaron poco tiempo en definir a la educación como una mercancía más que sujeta a las leyes del mercado les podía generar grandes.  La venta de servicios educativos (educación primaria y secundaria, carreras universitarias o para-universitarias, cursos cortos, cursos de idiomas, educación a distancia, etc.) y  de materiales educativos (libros de texto y demás) fueron uno de los nuevos negocios. La educación privada se convierte en un muy buen negocio con altas tasas de ganancia, con escasas regulaciones y fuertes incentivos estatales. 


Los miles de niños y adolescentes matriculados en el sistema educativo público son considerados potenciales compradores que ya han empezado a ser captados por institutos privados que preparan para las pruebas de Educación Abierta, por las instituciones para universitarias que expenden  títulos técnicos y de idiomas o por las universidades privadas que venden títulos al por mayor.
 
La  mercantilización de los materiales educativos  es más que evidente. Casas editoriales como MC Graw Hill, Santillana, Farben Norma o Eduvisión hacen gala de todos los métodos posibles para apoderarse del mercado de los libros de texto, obligando a estudiantes y docentes a pagar altos precios por esos materiales que se convierten en “oficiales” en los centros educativos.
 
 
 
Reducir el presupuesto público para la educación pública
La aplicación de políticas neoliberales para la educación  en el marco de los programas de ajuste estructural significó un freno a la expansión de los sistemas educativos públicos y la reducción del presupuesto público para la educación pública. El modelo neoliberal fue aplicado a la educación  con graves consecuencias para trabajadores y estudiantes.


Bajo la consigna neoliberal de austeridad en el gasto público el Estado dejó de invertir en infraestructura, en mejoras a las condiciones de estudio (becas, comedores, transporte estudiantil, etc.) ó materiales educativos; igualmente se le puso tope a los salarios de los trabajadores y trabajadoras de la educación, rebajas generalizada del valor real de los salarios y el deterioro generalizado de las condiciones de trabajo (pensiones, aumento en la cantidad estudiantes por grupos, aumento del interinazgo, etc.).


Junto a la reducción del presupuesto público para educación pública se obligo a las instituciones educativas públicas a generar sus propios ingresos mediante el cobro de matriculas, la venta de servicios, la autogestión de las comunidades, entre otras medidas tendientes a privatizar la educación. Para intentar negar los nefastos efectos de sus orientaciones educativas se aboga también por medidas asistencialistas de carácter restringido, con mínimos impactos y con una clara intención privatizadora. 


La aplicación de la política neoliberal en el campo educativo ha ocasionado graves consecuencias para los sectores populares. En el caso de los trabajadores y trabajadoras de la educación vemos como este modelo esta caracterizado por “la inestabilidad en el empleo, el pago por hora clase, el abaratamiento de la fuerza de trabajo, el deterioro del salario y el incremento de las cargas de trabajo” (Lora y Recéndez, 2009, p.47).


Luchar contra la reforma neoliberal y por un aumento al 8% del PIB para la educación
En la actualidad el principal desafió que se impone es lograr una lucha unitaria entre organizaciones sindicales y estudiantiles para revertir la contrarreforma en curso. Esta tarea solo puede ser emprendida por organizaciones independientes del gobierno y de los empresarios, con profunda vocación de lucha y dispuestas a para defender los sistemas educativos públicos.

Las organizaciones sindicales y estudiantiles del sector educación deben luchar por la ruptura con los con todos los pactos y acuerdos con organismos culturales, educativos y financieros internacionales que imponen el modelo neoliberal de la educación. Las propuestas de organismos como el BM, el BID o la UNESCO deben ser denunciadas y combatidas, pues es allí donde se engendran todas las medidas aplicadas por el gobierno.
Esta lucha no puede darse en abstracto, sino que empieza allí donde empiezan las políticas neoliberales: en el porcentaje de financiamiento público para la educación pública. Exigir hoy en Costa Rica un aumento en el presupuesto de la educación que garantice como mínimo un 8% del PIB significa enfrentar la lógica privatizadora neoliberal.

Creemos firmemente que la defensa de una educación gratuita y de acceso universal en todos sus niveles (primaria secundaria y universitaria), financiada enteramente por el Estado y no por las familias de los sectores populares, pasa porque todas las organizaciones ligadas al sector educación incorporen como consigna general el aumento inmediato en el presupuesto para la educación.

Acabar con la inestabilidad en el empleo, con la flexibilidad laboral y con la sobre explotación de los trabajadores y trabajadoras de la educación, la eliminación del interinazgo, el aumento en salarios, el reconocimiento pleno del tiempo laboral invertido (lecciones de planeamiento) ó la reducción en el tamaño de los grupos son medidas concretas que solo pueden ser garantizadas y sostenidas en el tiempo si arrancamos por la fuerza de la movilización un aumento inmediato en el presupuesto de la educación.