Reunión del G20: una farsa bien calculada

BERNARDO CERDEIRA
LITCI
La reunión del G20, grupo que reúne al G7 (los países imperialistas más importantes) con los llamados países "emergentes" (China, Rusia, India, Brasil, México, Corea del Sur, Argentina y otros) terminó con declaraciones grandielocuentes y felicitaciones de éxito.
Para el presidente de EEUU, Barack Obama, el evento fue "una reunión histórica" que marcó la "hora del viraje en nuestra búsqueda de la recuperación global". Gordon Brown, primer ministro de Inglaterra, dijo que la cúpula lanzó "un nuevo orden mundial" y significó "el fin del Consenso de Washington", refiriéndose al documento de 1989 que sentó las bases de la política neoliberal.
La reunión aprobó lo que seria un "paquete" de 1,1 billones de dólares de incentivo a la economía mundial y anunció el "fin de la era del secreto bancario" aludiendo a las proclamadas intenciones de la reunión de tomar acciones contra los "paraísos fiscales".
Sin embargo, un día después que se cerró la reunión, una noticia contrastó brutalmente con todo el falso optimismo que los líderes capitalistas del mundo quisieron transmitir: en marzo, se perdieron 663.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, elevando la tasa de desempleo en este país a 8,5%. Desde diciembre de 2007, cuando comenzó la recesión norteamericana, 5,1 millones de trabajadores perdieron sus empleos.
Es importante resaltar que la tasa de 8,5% sólo toma en cuenta a las personas que buscaron activamente un empleo en las últimas cuatro semanas. Si se considerase también a los que ya dejaron de buscar porque no tiene más esperanzas de encontrar trabajo, los que buscaron hace más de un mes o, incluso los que se conformaron con un empleo de medio período (un cálculo más amplio que en EEUU se llama U-6) la tasa de desempleo subiría al espantoso índice de 15,6% de la fuerza de trabajo del país.
La primera conclusión es clara: las medidas anunciadas por el G-20 se dan en un cuadro general de crecimiento de la crisis económica, materializada en la recesión y en el desempleo. Esta es la brutal realidad.
Pero se puede argumentar que las medidas aprobadas por el G-20 no pueden tener efectos inmediatos, pero son fundamentales para revertir la situación actual y preanuncian una salida rápida de la crisis. Nuestro pronóstico es el opuesto: la tendencia predominante en la actualidad es que la crisis económica se profundice y dure un largo período de algunos años. La recuperación da economía mundial aún no está a la vista. Y las medidas de la reunión del G-20 no son suficientes para revertir la crisis. Pero para explicar esta conclusión es preciso analizar el carácter y el alcance de estas medidas.
Un golpe de propaganda política
En realidad, la reunión del G20 fue un bien montado espectáculo para la media, con objetivos claramente políticos: demostrar que los líderes mundiales mantienen capacidad de iniciativa y están enfrentando la crisis económica con todos los medios a su disposición. Al mismo tiempo, señalar que "lo peor ya pasó", que "el fondo del pozo ya fue alcanzado" y que, con el "paquete" del G-20 estaría comenzando la recuperación.
Nada más falso. La única medida concreta tomada por ell G-20 (la aprobación de un "paquete" supuestamente de 1,1 billones de dólares, de los cuales 750.000 millones serán controlados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y 250.000 serán destinados al financiamiento del comercio exterior de los países periféricos o en dificultades, no actuando sobre la grave crisis de los principales países capitalistas del mundo.
En realidad, estos famosos "préstamos" del FMI tienen como objetivo garantizar que los países periféricos continúen pagando sus deudas a los grandes bancos imperialistas. De esta forma, el "paquete" es una forma de continuar transfiriendo dinero (a través del FMI) de los estados imperialistas a los bancos norteamericanos y europeos (principales acreedores de los países del Este). Por otro lado, pretende evitar quiebras generalizadas de los países periféricos que podrían producir explosiones sociales violentas. En ningún caso pretende generar un crecimiento autónomo de estos países, que además es imposible.
Por otro lado, los propios economistas burgueses denunciaron que el "dinero nuevo" de este paquete no llega a los 100.000 millones de dólares y que las contribuciones de los países imperialistas aún dependen de aprobación de los 27 países da Unión Europea y del Congreso norteamericano. Es decir, el dinero concreto aún va a demorar en estar disponible.
En resumen, los líderes capitalistas no pueden y no quieren tomar las medidas supuestamente necesarias para salir de la crisis. No pueden tomar medidas de estímulo a la economía, por ejemplo, créditos al consumo y estímulos fiscales para el comercio que estimulasen el crecimiento, porque, en esta etapa, el capitalismo necesita "quemar" capitales, destruir puestos de trabajo y cerrar fábricas para que las tasas de ganancia, que siempre son el motor del crecimiento capitalista, vuelvan a subir.
Por eso, Barack Obama, tan generoso con los banqueros, exige de la General Motors y de la Chrysler un "plan de remodelación" de estas empresas, que incluya el cierre de fábricas y de puestos de trabajo, y el aumento de la explotación, como condición para liberar algún dinero del Estado.
El capital financiero continúa mandando
Una de las expectativas de aquellos que pregonan la "reforma" del sistema capitalista (ante lo que serían supuestas "exageraciones" de la globalización, principalmente el "descontrol" del sistema financiero mundial) era que la reunión señalase una amplia reforma del sistema financiero que crease normas internacionales reguladoras.
Sin embargo, fue en vano que estos "reformadores" alimentaron las ilusiones reaccionarias en el capitalismo imperialista. La reunión no tomó ninguna medida concreta y no produjo más que declaraciones vagas del tipo "fin de la era del secreto bancario" contra los llamados "paraísos fiscales".
Por el contrario, la realidad muestra que el capital financiero continúa dando las cartas en todo el mundo. El paquete de Obama de 1 billón de dólares, para rescatar títulos podridos con dinero del Estado, es una demonstración de que el capital financiero considera al Estado burgués, entre otras cosas, como su compañía de seguros particular, que existe para garantizar el mantenimiento y la remuneración de su capital cuando la crisis económica los amenaza.
Lo mismo se puede decir de la aseguradora AIG, que fue estatizada y recibió 190.000 millones de dólares del gobierno de los EEUU, destinados básicamente a cubrir pérdidas de los bancos y de los inversores con títulos basados en hipotecas incobrables.
En todos estos casos, los ejecutivos de los bancos y empresas inmobiliarias continuaron recibiendo bonos millonarios. Los ejecutivos de Fanny Mae y Freddie Mac, empresas inmobiliarias quebradas y estatizadas, fueron gratificados con bonos de 200 millones de dólares. Esta política, que causa indignación y revuelta en cualquier trabajador, está en la esencia del sistema capitalista: es necesario remunerar bien a los leales servidores del sistema capitalista. De ellos también depende su supervivenciaa.
El papel de los países "emergentes" y la nueva mascota dos gobernantes más poderosos do mundo
El Brasil recibió atención destacada en la reunión. El presidente Luís Inácio Lula da Silva vivió días de júbilo entre los poderosos del mundo. Posó sentado al lado de la reina Elizabeth en la foto oficial de la reunión; fue llamado "mi compadre" por Barack Obama, que dijo que "adoraba este tipo" y lo llamó "el político más popular del mundo" y "buen mozo" (sic).
Hubo un esfuerzo de varios líderes imperialistas para destacar a Lula como un líder mundial. El propio Lula buscó reforzar esta idea, afirmando que la reunión fue la primera en que los países llamados "emergentes" fueron tratados "de igual a igual" por los jefes de Estado de las naciones más ricas.
Este cambio no es casual. Los gobiernos de los países imperialistas están "quemados" en el mundo entero, inclusive entre su propia población, como los responsables por la actual crisis económica. Parte de la propaganda de la reunión es dar la impresión que las medidas contra la crisis son compartidas por todos, y que los países "emergentes" tendrán un importante papel a cumplir en su superación. De esta forma, se intenta "limpiar" la imagen de los líderes de los países imperialistas.
Lula encarna el líder dócil y cordial con los gobiernos de los países imperialistas y, al mismo tiempo, es un gobernante con gran popularidad y un origen en el movimiento sindical y social del país. Por eso, todos quieren aproximarse a él, al punto de volverse el "mimado" de los líderes de los países imperialistas del mundo.
Pero la realidad de los países llamados "emergentes" es muy diferente de aquella que se quiere mostrar en la propaganda oficial. Ninguno de ellos puede cumplir un papel de vanguardia en la superación de la crisis económica. Al contrario, todos mostraron una tremenda fragilidad ante la crisis y, principalmente, una enorme dependencia de los países capitalistas imperialistas.
La realidad de Brasil, por ejemplo, es opuesta a la de la felicidad del "compadre" de Obama. Sólo en enero de este año la crisis económica hizo que 563.000 personas de la clase C de 6 regiones metropolitanas del país (San Pablo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Porto Alegre, Salvador y Recife) descendieran a los niveles D y E, es decir a la pobreza extremos. Sumando la caída de las clases A, B y C, la caída llega a 765.000 personas. Es decir, para os trabajadores, la crisis económica significa sufrimientos muy concretos, miseria y hambre.
La propia China, el mayor de los "emergentes", viene mostrando su fragilidad. Sus exportaciones, base de la economía del país, cayeron 26% en los últimos 12 meses. Recientemente, el gobierno chino propuso una "nueva moneda de reserva supranacional", en oposición al dólar.
China está presa en una trampa: un dólar "fuerte" perjudica aún más sus exportaciones. Pero, por otro lado, el país posee cerca de 2 billones de dólares en reservas internacionales. Esta enorme cuantía está aplicada en bonos del Tesoro americano, lo que significa que cualquier desvalorización del dólar puede hacer que el país tenga graves perjuicios. Si los chinos comenzasen a vender dólares para comprar otras monedas (o una "nueva moneda") sin dudas contribuirían a una caída de la cotización del dólar. Es un óptimo ejemplo de la contradicción de los "emergentes" que continúan dependiendo totalmente de los principales países imperialistas.
Podemos decir, para concluir que, desde el punto de vista de los resultados, se aplican a la reunión del G-20 las amargas e irónicas palabras de Shakespeare sobre la vida en "Macbeth": "Es una historia contada por un idiota, llena de sonido y furia, que no significa nada."
Pero infelizmente, desde el punto de vista de los trabajadores y de los pueblos pobres del mundo entero, esta farsa ayuda a crear confusión sobre las posibilidades de una recuperación rápida de la economía mundial. El objetivo es intentar paralizar la resistencia de la clase trabajadora de todo el mundo y permitir que la burguesía mundial pueda descargar los costos de la crisis sobre sus hombros.
Cabe a los socialistas y a todos los luchadores sociales denunciar esta maniobra y llamar a los trabajadores a la resistencia para luchar por la supervivencia física de sus familias y compañeros, es decir, de su propia clase.