EDITORIAL - FEBRERO 2010

Unificar las luchas para enfrentar el continuismo oligárquico

Las elecciones del 7 de Febrero no arrojan resultados sorpresivos, aunque sí un reto para el movimiento sindical y popular. Hemos denunciado repetidas veces que el proceso electoral es una mascarada antidemocrática que ilegalizó a dos organizaciones de izquierda: la nuestra y el Partido Vanguardia Popular.
Desde que la mascarada inició, la corporación Arias movió todos los recursos posibles para garantizar el continuismo oligárquico: dineros públicos y privados, las clientelas, los programas de ayuda social, la banca privada, la indiferencia y la mentira. Todos estos recursos fueron usados para garantizar el triunfo de Laura Chinchilla.
Es evidente que la crisis del sistema de dominio oligárquico, abierta entre 1998-1999, ha sido cerrada de manera conservadora. No solo la candidata liberacionista aumenta su apoyo, así lo hace también el PLN; las expresiones de derecha arista, socialcristianas, fundamentalistas o libertarias recibieron arriba del 70% de los votos y tendrán 45 diputados. Inclusive el abstencionismo, hecho que desde fin de siglo preocupaba a las élites, tuvo un ligero retroceso, aunque sigue siendo masivo.
¿Quién es responsable de la restauración conservadora? Sin duda el centroizquierdismo progresista organizado en el PAC y la Alianza Patriótica. Las elecciones muestran su abierta crisis: el PAC pierde, diputados (6) y votos (14%, ±140 000), mientras que la AP no arrancó del piso. Un grupo importante de sus votantes regresaron al liberacionismo o se fueron al libertarismo, que creció 2,5 veces en su fuerza electoral.

Este resultado no nos sorprende. El centroizquierdismo es la personificación de la cobardía y la falta de programa; atrapado entre la oligarquía y el pueblo trabajador, es la inconsecuencia hecha “partido”; nacido de aprovechar el repudio a la corrupción política, es incapaz de cumplir esa expectativa y de enfrentar al sistema que produce corrupción. Les robaron la elección del 2006 y no quisieron luchar por ella, copan la dirección del movimiento anti-TLC maniatándolo para aceptar el frauderéndum del 2007; en 2010 les secuestran su propio dinero y son incapaces de protestar con vigor. Se rinden frente al ídolo de “La Democracia Ejemplar” aunque viven en carne propia su falsedad. No es de extrañar, entonces, que un sector de sus simpatizantes sean seducidos por la demagogia libertaria o el clientelismo liberacionista.
A la “izquierda” y las organizaciones sindicales, que como la ANEP apostaron todo al acuerdo patriótico y progresista entre el PAC, la AP y el PIN, ahora les toca responder por este descalabro.
Por otro lado, la izquierda que se mantuvo como tal tuvo resultados contradictorios. Frente Amplio (a quién llamamos a votar críticamente desde nuestro periódico) sacó muy pocos votos presidenciales (casi 7000). Son “votos duros” que expresan el deseo y la voluntad de un gobierno de izquierda. Evidentemente el hecho de que el Frente Amplio pusiera de candidato presidencial a un personaje que no representa ni los valores, ni la actitud de una izquierda consecuente, “pateo en contra” de que se expresara con más claridad un voto anti patronal, un voto de clase consciente. Esto es lo que buscábamos desde el M.A.S.
No obstante, hubo un avance significativo en los votos por los diputados de izquierda, llegando a unos 70 000 votos. Un dato más de lo profundamente antidemocrático que es el régimen político es que aunque el FA triplica su fuerza electoral, mantiene un único diputado.
Después de esta lucha táctica en el terreno privilegiado de la oligarquía (las elecciones), es tiempo de discutir las condiciones por las que vamos a conducirnos en el próximo escenario: la lucha contra el continuismo oligárquico. Los proyectos pendientes que dejó Arias, como la concesión de los puertos de JAPDEVA, la minería a cielo abierto en Crucitas y en Osa o el acueducto de Sardinal ahora van a implementarse a golpe de tambor.
En este plano se vuelve urgente la coordinación y solidaridad de todas las luchas en curso, muy especialmente contra la privatización de los muelles de Limón. En ese sentido, es nefasta la posición de la ANEP, que fue garante del acuerdo progresista y patriótico y ahora llama a la concertación con el “nuevo” gobierno.
Nuestra actitud es otra: creemos que los nuevos votos de la izquierda deben transformarse en trabajo y militancia en las luchas en curso, en denuncia al continuismo oligárquico y al absolutamente antidemocrático régimen político del país. A su vez, es necesario que la izquierda y el movimiento popular inicien el debate sobre la estrategia para recomponer una dirección clasista y luchadora que le haga frente al continuismo oligárquico en todos los terrenos necesarios.

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