EDITORIAL - ENERO 2010

Desde el primer día del año preparar la lucha contra el continuismo neoliberal

Uno de los mecanismos probablemente más arraigados y más potentes del sistema de dominio costarricense, es su capacidad de presentarse como democrático.
Para eso ha tenido que forjar una cultura política asentada en varios estereotipos claves que se equilibran uno al otro: 1) La idea/imagen que se vive en una democracia excepcional y centenaria, en un país de paz; la demostración de esta idea/imagen es que hay elecciones "limpias y competitivas" cada cuatro años desde hace varias décadas (en las versiones más delirantes desde hace más de un siglo). Y 2) una cultura e institucionalidad que privilegia el comando vertical y la cultura del caudillo como forma básica de vivir la política; esto se expresa en la alta aceptación que tiene en Costa Rica la idea de "un hombre fuerte que ponga orden"; por lo tanto, puede convivir un fuerte malestar anti política con un gusto por los caudillos y las dosis sistemáticas de violencia política, y 3) la idea firme de que la vida política y los derechos sociales se limitan a votar y acatar. 

Estos elementos que podemos encontrar a lo largo del último medio siglo de dominación burguesa en el país, se han radicalizado en el curso de los últimos 4 años. Alrededor de la familia Arias, se han nucleado las fuerzas más antinacionales, clientelares y autoritarias de la oligarquía y  las altas capas medias del país.

No solo es un gobierno neoliberal y entreguista hasta el tuétano, sino que es un gobierno donde campea la venalidad, la corrupción y la impunidad, como se ha demostrado en múltiples casos ( Crucitas, INVU, MOPT, etc.).

En enero y febrero veremos un verdadero dispositivo montado por el consorcio de fuerzas políticas, económicas y mediáticas  articuladas por el arismo, para darle continuidad a su proyecto ultraneolineral en lo económico y ultra autoritario y concentrador de poder en lo político (Recordar: Sala Cuarta, TSE, Defensoría). El continuismo tiene nombre y apellido: Laura Chinchilla.
Alrededor y atrás del arismo, se disputan el "mercado" electoral distintas variantes de las fuerzas burguesas. El Movimiento Libertario, que queriendo camuflar su neoliberalismo radical busca capitalizar el malestar antiarista con un discurso demagógico de "Mano Dura", que recuerda a las versiones más sanguinarias y derechistas del paramilitarismo centroamericano.
El PAC (cada vez más en bancarrota) pese a que despertó honestamente ilusiones de cambio y resistencia en la población, muestra cada vez más no solo que no es alternativa al neoliberalismo y al arismo, sino que es un complemento necesario, con una reconocida empresaria vinculada al SI al TLC como Vice y con desgastadas figuras empresariales y autoritarias en sus filas, muestra no ser alternativa.
La Unidad Social Cristiana, decadente reducto de los restos del "calderonismo", es lo quedó de la debacle que produjo los juicios a Calderón y Rodríguez Echeverría, que solo confirmaron lo que era un verdad a voces: un partido que era propiedad familiar del hijo del caudillo y que funcionaba como empresa de compra y venta de servicios. Su debilidad electoral lo hace girar hacia la demagogia chovinista, que apela a lo peor de los sentimientos anti nicaragüenses y anti extranjeros de la población.
Alianza Patriótica, aunque se presentan como herederos de la lucha contra el Tratado de Libre Comercio, es en realidad un colocho de caudillos locales, liberacionistas sin espacio en la Corporación Arias, empresarios de "medio pelo" y algunos sindicalistas que se sienten cómodos entre el liberacionismo.
Para nosotros(as), como socialistas, las elecciones no son más que un episodio de la lucha política vital y cotidiana de los sectores populares, lo que no quiere decir que sean sin importancia, o que baste una abstención despolitizada para vencer el dispositivo de dominio que se orquesta alrededor de ellas cada cuatro años.
Lamentablemente en estas elecciones que se avecinan, parece que van a ser las fuerzas más de derecha las que salgan vencedoras y fortalecidas. La responsabilidad que este escenario tan adverso para los sectores populares, es de quienes dejaron desmovilizar y dispersar las fuerzas sociales articuladas en el 2007, durante el proceso que llevo al referéndum.
No obstante el escenario electoral no es el único, ni siquiera el privilegiado del campo popular, desde ya creemos en el Movimiento al Socialismo, que es necesario construir una instancia que articule las luchas y los malestares del pueblo, para enfrentar en las calles, a través de la movilización y la lucha las propuestas del continuismo arista.
Las demandas y necesidades populares (defensa de los recursos naturales, mejor educación pública, salarios justos y crecientes, tierra, créditos y caminos, libertad sindical en las empresas privadas) no serán solucionados por el gobierno que quede, aún si el arismo perdiera las elecciones frente a cualquiera de las otras 4 alternativas patronales.
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