Las desventuras de Mel Zelaya….

Reflexiones sobre el conflicto por el salario mínimo en Honduras.
Por Roberto Herrera.
¿Qué representa el gobierno de Mel Zelaya?
Honduras ha vivido desde agosto del 2003, una alza sostenida de luchas sociales y populares que combinaban reivindicaciones en defensa del derecho al agua, contra la minería, por la reforma agraria, por el respeto a los estatutos y convenciones colectivas de los sindicatos, contra la corrupción de las instituciones burguesas.
La crisis política en las alturas, el empobrecimiento sostenido de la pequeña burguesía urbana y rural y el ascenso de las masas obreras y campesinas configuraban en Honduras una típica situación prerrevolucionaria. El gobierno de Mel Zelaya, es el “hijo burgués” de esta situación, los tres elementos señalados se reflejaban en la debilidad, inestabilidad y demagogia del gobierno de Zelaya.
Como un movimiento para intentar “cabalgar” con las distintas fuerzas sociales que le asediaban e influían de distinta manera, Mel Zelaya y el personal político que le rodea empezó a cobrar una relativa independencia que le permitió ir configurando una especie de populismo discursivo de la miseria.
Zelaya proveniente del “riñón” de una familia liberal de terratenientes madereros, con oscuros pasados paramilitares, fue realizando poses de antiimperialismo (discursos “bucólicos” en la ONU sobre la hipocresía de los neoliberales) que nunca pasaron de palabras, mientras la represión contra el movimiento popular y la entrega pro imperialista de la riqueza hondureña se mantenía.
Pero también se mantenía la potente resistencia popular, los paros cívicos de Septiembre de 2008 mostraban un creciente proceso de coordinación popular, que además tendía a incorporar a contingentes cada vez más grandes de la clase trabajadora y los jóvenes.
Acicateado por esta presión y abandonado por sectores de la oligarquía hondureña, Mel Zelaya empieza a poner ojo hacia la posibilidad de “mejorar su imagen” y “ganar aire” a partir de profundizar acuerdos preferenciales con Venezuela y Cuba, a través de la incorporación al ALBA.
Esta incorporación al ALBA, aunque no repercutió en mejoras sustantivas para la clase trabajadora y los empobrecidos y fue aprovechado por interés propio por sectores de la burguesía y el funcionariado liberal, le ganó a Zelaya el “visto bueno” de los sectores tradicionalmente conciliadores y pro liberales del movimiento social y popular hondureño, pero también le ganó el repudio de los sectores más anticomunistas de la burguesía y las capas medias, la debilidad estructural del gobierno aumentaba.
La salida del salario mínimo.
Los paros cívicos de Septiembre de 2008, dejaron como subproducto un aumento de 3400 a 5000 lempiras en el valor del salario mínimo de los empleados del Estado. En diciembre después del fracaso de la comisión de negociación salarial el presidente Zelaya a través del Decreto No 374-08, estableció una nuevo salario mínimo para los trabajadores urbanos y rurales: 5,500 lempiras ( $290) mensuales para los trabajadores urbanos y 4,055 lempiras ($240 dólares) para los obreros de la zona rural.
La reacción de la empresas hondureña no se hizo esperar: despidos preventivos, centenares de recursos legales inundaron la Corte Suprema de Justicia, después el llamado abierto al desacato del decreto y la convocatoria a la lucha callejera contra el decreto de Zelaya.
Las Centrales Obreros (CUTH, CGT, CUT) y la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular convocaron a marchar en defensa del salario mínimo, el gobierno de Zelaya hizo un guiño de aprobación y la movilización contuvo elementos de marcha de apoyo al gobierno y el caso de la dirección sindical de abierto apoyo al gobierno.
Así el guante esta echado y el conflicto social creciendo…
Creemos necesario por lo tanto compartir con los lectores de Socialismo Hoy, algunas reflexiones sobre el conflicto salarial en Honduras.
Nuestra opinión es que no se puede olvidar es que el salario mínimo es lo menos que pueden dar los empresarios, en el caso específico de Honduras el aumento esta todavía por debajo del valor de la canasta básica familiar (6400 lempiras) es decir no hay por que tener ningún tipo de agradecimiento, ni apoyo político al gobierno de Zelaya por decretar un mínimo vital que evite el hambre generalizado de los trabajadores hondureños, este aumento es de todas formas un subproducto del proceso de lucha independiente de los trabajadores contra el gobierno y los empresarios, enriquecidos ambos a manos llenas en los últimos años de ajuste neoliberal.
El éxito de las luchas que cruzaron el periodo 2003-2008 en Honduras fue su amplia unidad en la lucha, pero su consistente independencia de las presiones de los políticos tradicionales del bipartidismo, ese es el camino que hay que recobrar….
En ese sentido creemos que lo que se necesita es impulsar un movimiento independiente que garantice con los propios métodos de los trabajadores el salario mínimo, un proceso de ocupación de fábricas, instituciones y fincas para imponer en los hechos el salario mínimo y el control obrero de la producción, un movimiento que ocupe y exija la nacionalización de todas las empresas que se coloque por fuera de la ley a través de lock out patronales. Nos parece que ese es el camino político a seguir y no tener ninguna confianza en el funcionariado liberal, para eso se vuelve más necesaria que nunca la unidad de todos las fuerza sociales y políticas dispuestas a mantener la independencia de los trabajadores frente a los patronos liberales y cachurecos.
La necesidad de construir un polo luchador y clasista en Centroamérica.
Ante el anuncio del aumento en el salario mínimo en Honduras los empresarios realizaron dos hechos que deberían “abrirle los ojos” al movimiento sindical y popular centroamericano. La primera fue amenazar con contratar trabajadores nicaragüense (más mal pagos que los hondureños) o bien trasladarse a Nicaragua, la segunda fue poner como ejemplo a seguir a Costa Rica y sobretodo la medida del Plan Escudo impulsado por Arias que busca “despedir a medias” a la gente.
La escena es típica, los empresarios unidos, aprendiendo entre sí y diseñando políticas regionales y los trabajadores compitiendo entre si.
Desde el Movimiento Al Socialismo nos parece más necesario que nunca que los sectores sindicales, estudiantiles y populares luchadores y clasistas, independientes de los gobiernos reaccionarios y/o demagógicos de toda el área nos agrupemos en un espacio de encuentro común y construyamos un espacio de lucha unificado contra la crisis.