DE LA COYUNUTRA POLÍTICA EN GUATEMALA

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Por Mario Sosa
Transformación Universitaria
 
El 10 de mayo marcó el inicio de un nuevo periodo en la lucha política guatemalteca.  El asesinato del abogado corporativo, Rodrigo Rosemberg, y la difusión de un video grabado previamente con el apoyo de personajes de tradición golpista en Guatemala, donde acusa de su asesinato a empresarios del circulo político gubernamental y a funcionarios públicos de alto nivel, incluidos el Presidente de la República, Alvaro Colom, y su esposa, Sandra Torres, constituyeron el detonante de una confrontación entre la extrema derecha y la derecha moderada en el país.
 
Ha sido evidente que desde hace varios meses, fuerzas de extrema derecha habían iniciado una estrategia de desgaste y petición de renuncia al Presidente Álvaro Colom, aduciendo la incapacidad y corrupción del gobierno, evidente por las denuncias provenientes de medios de difusión masivas y la falta de pruebas que demostraran lo contrario.  Más allá de tales justificaciones, lo cierto es que el gobierno de Colom, representa los intereses principalmente de una burguesía en ascenso, que como sucedió con el gobierno del FRG (2000-2004), le está disputando fracciones de poder económico y político a la oligarquía nacional, y representa, con su autodefinición de socialdemócrata (por demás incoherente con sus políticas reproductoras del modelo rapaz de acumulación de capital, represoras de la resistencia social y sumisa a los intereses imperialistas de Estados Unidos), sus coqueteos con la izquierda latinoamericana, sus intenciones de reforma fiscal y la implicaciones del triunfo del FMLN en el Salvador, un potencial peligro en el sentido de seguridad que dicha oligarquía, que se niega a aceptar cualquier viraje que representa una desviación mayor de los 10º.
 
En ese sentido, lograron articular un conjunto de fuerzas políticas como el Partido Patriota, el Partido VIVA, entre otros, fuerzas económicas como el CACIF (la principal articulación económica-política de la burguesía local) y otros grupos corporativos, medios de difusión masiva representados principalmente por el periódico Prensa Libre, universidades privadas como la ultra neoliberal Universidad Francisco Marroquín y otras expresiones de extrema derecha como el Grupo Pro Reforma que pretende una reforma de corte monárquico-feudal de la Constitución Política, la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala –AVEMILGUA-, iglesias neo pentecostales, entre otras.  En su conjunto, aunque abanderadas por el Partido Patriota, aprovecharon el hecho del asesinato y denuncia del abogado Rosemberg –personaje proveniente de estas huestes- para impulsar una movilización de carácter golpista.
 
Ante este hecho, el gobierno de Colom ha realizado una defensa burda, nerviosa y de acarreo social, con lo cual logra un apoyo endeble a su sostenimiento y, según se ha sabido, ha tenido que ceder en sus ya tibias medidas frente a la crisis económica que afecta a las mayorías del pueblo guatemalteco y que ha tenido un efecto deficitario en las arcas nacionales.  Sale evidentemente debilitado de este forcejeo y proclive a padecer nuevas embestidas de una derecha fascista que logró articular y movilizar en torno a su estrategia política, especialmente a partir de un sentido de inseguridad de su círculo económico-social- provocado por el asesinato de Rodrigo Rosember y dos empresarios textilero días antes y vinculados por Rosemberg en las acusaciones hechas a través del video referido.
 
En esta coyuntura, la izquierda fue incapaz de articular una posición política diferenciada y visualizarse como una alternativa.  Salvo algunas expresiones como el Frente Popular por la Soberanía, la Dignidad y la Solidaridad, que planteó una posición de distanciamiento de ambas fuerzas en conflicto por considerarlas expresión de elites desvinculadas de un programa político de corte popular y posicionándose claramente con relación a las intenciones golpistas de la extrema derecha, la organización social en general se expresó como cola de ratón del gobierno de Colom o emitió pronunciamientos tibios, ambiguos y, en algunos casos, dudosos al saberse de sus vínculos estrechos con el gobierno actual.
 
Es de esperar, entonces, que mientras la izquierda no logre concebir un programa político y una forma de articulación coherente con dicho programa –que por cierto no todos estamos de acuerdo con circunscribirlo al ámbito y a la estrategia electoral como incluso lo han mantenido algunas fuerzas político electorales- veremos una probable agudización del conflicto entre elites, sin que logremos siquiera visualizarnos en el panorama político nacional.